La fuerza perdida voy a guardarla en un cajón, antes de que se escape.

Voy a cuidarla y voy a regar sus llamas con kerosene. Voy a tenerla tan cerca que no se me va a escapar de vista. Voy a prender fuego todo lo que me haga sentirme chiquito. Porque soy más grande que las voces que brotan sin que las llame. Soy más grande que las fuerzas que conseguí en el camino. Soy más grande que todo. Voy a llevar mis fuerzas conmigo.

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Abro una aplicación para ver si llega un mensaje tuyo. La cierro y abro otra. Todavía nada. Y juré no ser ese tipo de persona. Ya no sé qué tipo de persona soy, me cambiaste, en unas horas que parecieron estar fuera del reloj y fuera de mi mundo. Ya no sé cual es mi mundo.

Y fumo para no pensarte. O quizás para pensarte más. Y repito nuestros diálogos en mi mente, para que no se me olviden. Y vuelvo a ver tus ojos en mi mente, para tenerte más cerca. Y ya no sé qué estoy haciendo. Ya no sé qué estoy pensando aparte de vos. Y ya no sé qué quiero aparte de vos.

Y ya no sé qué música poner que no me recuerde a las melodías que sonaron ese día. Ya no sé qué sentir que no sea tu sonrisa en frente a mi cara y tus brazo en mi hombro.

Te pedí que me acompañes pero lo que en realidad quería decir es acompañame siempre, que no quiero volver solo a ningún lado, que no quiero a ir a ningún lado sin vos. Y te pedí perdón. Ya ni sé por qué. Por desbordar mis sentimientos en frente tuyo y por no guardarlos en ese lugar seguro en el que no molestan a nadie, en el que no desatan ningún caos que después no pueda controlar. Pero el caos ya se desató y sin darme cuenta abrí toda las puertas y lo escolté hacia lo más alto de mi existencia.

Y te pedí perdón por ser ese tipo de persona, por no saber dónde termina lo que siento, por no saber darle un final, por olvidarme de las cosas que tengo que hacer y de la rutina que la humanidad anterior ya creó para nosotros.

Pero ya no te voy a pedir perdón. Porque si me desbordo al menos va a ser real. Porque no quiero reprimir lo que se despega de mis entrañas y sale en forma de sonrisas y caricias quietas.

Hoy no me levanté de la cama en todo el día.

Manchones de risa gris se posaron en mis ojos todo el día.

Los pesos de mis miserias aplastaron mis costillas haciéndolas sonar la melodía de un piano todo el día.

Y decido terminar. Pero todavía no. Porque todavía me abrazan los llantos ajenos que obligan a que me alce en mis propios pies.

Pero no voy a correr. Todavía. Mejor dejar que pase, todo el día.

Sin palabras.

No lo puedo decir todavía, porque nunca es el momento correcto. No puedo callar pero tampoco puedo expulsar lo que cada respiración profunda me dice.

No es el momento. Porque lo que tengo para decir desata un tsunami. Porque lo que tengo para decir desata un caos que nunca supe cómo controlar. Quizás el caos no se controla y quizás las palabras no se guardan.

Me cansaron tus llamadas amables. Tratandome como infante. Llorando como madre. Me cansaron tus sonrisas falsas que se quiebran cada vez que quiero caminar siguiendo mi propia flecha. Y me cansó tu hipocresía. Me cansó lo que ocultas y me cansó lo que mostras. Porque estoy cansado y mi cuerpo no soporta más balas disfrazadas de flores. Y tener que sonreír y asentir porque no me están traspasando las costillas. Me cansé de tu idea de mí y de mi idea de vos. Me cansé de nuestra idea. Me cansé de que imagines por mí lo que es mi propia fantasía. Cansado y enojado. Sin razón. O con toda la que haya en el mundo.

Voy a aprender a no tenerte tan cerca de mi mente.

Voy a aprender a no volver a la misma casa, porque sé que duermo mal y me despiertan tus gritos.

Voy a aprender a no abrazar tus manos cuando mi cuerpo duela, porque tus manos me dan más dolor.

Voy a aprender a controlar mi voz para que no salga de mis ruinas. Para que quede en mis sueños y no me despierte de noche.

Voy a aprender a no verte, a no tener tus palabras en mi mente en cada paso que doy. Voy a tener mis propias palabras, voy a formar mis propias oraciones. Lejos de vos. O cerca pero que no importe. Que no importe tu voz.

Y voy a aprender a no escucharte. A pasar los sonidos como si fuesen sólo polvo que limpiar del piso de mi hogar. Porque ahora tengo un hogar. Y vos no estás ahí. Y ya no te escucharé.

Vos

No sé cómo seguir, porque el aire quema.

Si no me mata el aire me matarán tus palabras.

No sé a dónde ir. Porque ya me mataste.

No sé continuar. Me estás atrapando lejos de mí mismo.

Si no me quema el aire me quema tu voz. Si no me quema el aire me quemás vos.